Descubriendo Lugo de Tapas

Si nos aproximamos al Noroeste de España, a Galicia concretamente, muchos de los destinos más aclamados de esta tierra se referirán a lugares tan extraordinarios como las diversas rutas del Camino de Santiago, las hermosas playas que rodean la costa Atlántica y la Cantábrica, a sus castros, Iglesias románicas y pre-románicas y a un sinfín de pueblos marineros y rurales que son dignos de mención en cualquier guía turística de la región.

No obstante, las urbes de esta Comunidad Autónoma también son enclaves  de importancia para comprender la cultura e identidad gallegas. La ciudad de Lugo figura entre ellas, sin embargo queda de manifiesto que más tímidamente que otros lugares emblemáticos como Santiago, Vigo o La Coruña.
Si bien es conocida por su Muralla Romana del siglo III, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, Lugo encierra entre sus paredes de piedra y sus tejados de pizarra una atmósfera de lo más fantástica y desconocida para muchos.

Llegar a la estación de autobuses de Lugo puede suponer un pequeño shock para cualquier viajero que después de ojear la guía de la ciudad espere encontrarse de lleno con el legado romano del que tanta gala hace la ciudad. Una estación pequeña, con un limitado número de andenes y paredes grises pueden no parecer la antesala perfecta para un viaje al pasado; pero esto no debe engañarnos, pues a veinte metros de la puerta principal de la estación nos tropezamos con una de las diez entradas a los interiores de la muralla, la “Puerta del Obispo Izquierdo”, más conocida como puerta de la cárcel, y diseñada en el año 1888.

Desde este lugar ya podemos empezar nuestra visita por el casco histórico de Lugo, donde la hermosura de sus fachadas restauradas y sin restaurar se mezclan con lo cotidiano de sus sencillas y orgullosas gentes.

Gran parte de la vida social lucense se desarrolla en los bares, a lo que hay que hacer especial mención, pues en Lugo no es que se pueda comer, es que en Lugo... se come.
Tal es así, que una de las grandes atracciones que encuentran los turistas, es la enorme red de bares, tascas y restaurantes que ofrece la ciudad. De hecho, no es raro ver a grandes grupos de viajeros o de peregrinos del Camino de Santiago, aprovechar una noche en la ciudad para coger fuerzas y disfrutar de las copiosas tapas que son obsequiadas con la consumición de un fantástico vino Mencía de la Ribeira Sacra, o de un auténtico blanco Ribeiro de lo más “enxebre”.

Encontraremos tascas de toda la vida como “El Daniel”, donde nos ofrecerán una misteriosa tapa a la que denominan cocodrilo -entre otras-, y tascas más actuales como “A Nosa Terra”, donde nos prepararán un delicioso lacón cocido con unos inolvidables “grelos”. Probaremos también el queso de Tetilla o bien el queso de San Simón (ahumado), así como un excelentemente preparado pulpo. Además, entre estos dos citados bares, en la zona de la Plaza del Campo y aledaños encontraremos al menos  diecisiete locales que nos ofrecen productos de similares características: buenos vinos, buenas tapas, y buenos platos de cocina.
Así, desde el mismísimo Lucus Augusti (bosque sagrado de Augusto), nos tropezaremos en nuestra excursión gastronómica con una ciudad llena de secretos tallados en los antiquísimos granitos de sus edificaciones.