Tallín: Capital del Medievo Norte del S.XXI



Desde que en 2004 Estonia entró a formar parte de la Unión Europea, el nombre de su capital, Tallín, se ha hecho cada vez más frecuente entre los paquetes de viaje al Norte de Europa.

Su situación geográfica, su mezcla de grupos étnicos -estonios y rusos-, y su espléndidamente conservada ciudad antigua, hacen de Tallín uno de los destinos más aclamados de las Repúblicas Bálticas. El centro medieval de la ciudad antigua es definido por la UNESCO como uno de los mejor conservados de Europa. La atracción que esto supone es conocida por la población local, que hará de nuestra estancia en la ciudad un curioso viaje en el tiempo hacia épocas más remotas.

Las mejores estaciones para viajar Tallín son la primavera o el verano, aunque sólo en invierno se podrá apreciar el fantástico entorno cubierto de blanco que su población está obligada a soportar durante por lo menos seis meses al año.

En nuestra visita tomaremos la plaza mayor o Raekoja plats  como punto de partida, en la ciudad baja. En ella nos detendremos unos minutos para poder admirar su arquitectura y su conocida “Farmacia medieval”, la más antigua de Europa -todavía en funcionamiento- datada de 1492.

En el recorrido hacia el corazón de su centro, iremos ascendiendo poco a poco dejándonos llevar hasta la ciudad alta, hasta la colina de Toompea, donde la catedral ortodoxa de Alexander Nevsky, erigida durante el periodo zarista ruso en 1900, nos espera soberbia e intacta para poder ser admirada. 
Al entrar en el templo, las mujeres no han de olvidar que deberán vestir un pañuelo en la cabeza en señal de respeto hacia esta religión o bien para intentar pasar lo más desapercibidas posible. Una vez dentro, nos quedará de sobra manifiesto que la variedad y la belleza exterior de este tipo de Iglesias es bastante superior a la de sus espacios interiores. Al salir, nos tropezaremos en nuestro camino con el Parlamento y el Gobierno de Estonia, situados en el castillo y la casa Toompea.
Próximo a este emplazamiento, se encuentra uno de los miradores más esperados de nuestra pequeña ruta. Desde este lugar elevado se observan los múltiples tejados naranjas de teja a dos y tres aguas y el mar y el puerto se asoman a lo lejos pintando de azul un escenario que pareciera una maqueta deliciosamente preparada por un arquitecto del siglo XV.

Tallín también dispone de lugares extra-muros de lo más interesantes. Antes de franquear estos lugares, por si nos entrara el hambre, el restaurante “Olde Hansa” no nos dejará indiferentes; su iluminación con candelabros, las vestimentas medievales de los camareros y las vajillas de madera, latón y vidrio grueso harán que nuestros platos de carne de jabalí, alce, oso y guisos poco habituales, tengan un sabor todavía más auténtico. Acompañar estas rarezas con una buena cerveza de miel (medovuja en ruso) suele ser habitual para los más sedientos.
Pero si lo que queremos es un snack rápido para sortear al frío, la ciudad dispone de variados y numerosos cafés en los que tomar una buena sopa de remolacha (Borsh) o unos deliciosos pankekes (crepes).


Después de este piscolabis, iremos en dirección al mar atravesando una de las puertas de la ciudad medieval, Viru. Tras casi dos kilómetros a pie por la avenida Narva mnt, dejando atrás la Universidad Pedagógica, llegaremos a la zona de Kadriorg. Un arbolado parque con un estanque en el que habitan patos y rodeado de pequeñas casas de madera de diferentes colores, nos anunciará que un pequeño secreto se esconde entre sus ramas: el Palacio de verano de Catalina la Grande, de estilo barroco y diseñado por Pedro I, que alberga actualmente un museo.
Los cuidados jardines de esta edificación conectan con un pequeño camino que nos conducirá a una de las playas de la ciudad, donde nos toparemos con una sirena de piedra que nos recordará que los marineros naufragados de estas costas, no han sido abocados al olvido.
Contemplando las aguas calmadas de este pequeño mar nos entra cierto sopor, así que decidimos dejar para mañana la visita al peculiar mercado de la Estación Central de Tren, donde buscaremos antiguas cámaras analógicas de marca “Zenit” y sellos de la época soviética para regalar a nuestros mayores.

Por hoy ha sido suficiente, así que tomamos el tranvía Nº 1 para regresar al centro y descansar de una larga jornada en nuestro cómodo alojamiento.